viernes, 16 de enero de 2009

Carta a mis padres sustitutos - Miguel Oyarzábal

Hola, Mamá y Papá sustitutos:
Este "Tal vez..." Encierra dos reacciones diferentes ante el mismo asunto y curiosamente, las dos tienen un valor inigualable.
Antes de ayer y ayer, todos me decían que no me quedara solo, que me iba a hacer mal, que me iba a destruir en forma gratuita y que se yo cuantas cosas más.
Pero ustedes, mi familia sustituta, entendieron claramente los caminos de la tristeza y me habilitaron la pista.
Gracias, no puedo decir otra cosa. porque no es más que respetar al otro y darle la oportunidad de dejarlo crecer junto al dolor a su manera. Y eso no se da muy a menudo.
Pero y con la mejor de las intenciones, Bruno y sus hijos tomaron una actitud con determinación y avasalladora.
Me llama para saludarme y pregunta ¿Donde la vas a pasar? Es probable que lo intuyera o saltó de puro amigo y Tano que es.
Sin puntos y a parte, me conmina a que vaya a su casa "que tienen comida de sobra y Silvia -su novia- preparó manjares blandos y yo hice asado ".
Bruno me tentaba.Pero yo pretendía estar solo.
A los 10 minutos me llama de vuelta "Ya salen los chicos a buscarte y si no venís, te va a buscar Silvia".
Casi no tuve tiempo de pegarme el comedor y salí en pantalón de baño y sandalias, menos mal que precavido agarré el buzo que me regaló Virginia en el último asado porque tenía frío.
Éramos cinco en la mesa con mantel amarillo, tres fuentes adornadas y una botella de vino. La comida resultó una caricia de Fin de Año y cuando ante mis ojos,pasó desde la memoria fresca el ataúd de Mamá, todos hicieron el respetuoso silencio.
Brindamos, brindé con todos ellos, uno por uno. Después brindé con la distancia, con ustedes, con mi hermano. con mis amigos de Buenos Aires, con los que están desparramados por el mundo y por supuesto con los viejos. Y llegaron los abrazos sin las copas. Cinco abrazos profundos que encerraron todos mis afectos.
Tras los fuegos artificiales del barrio, Silvia y Bruno se habían pasado el 31 de diciembre recolectando pedazos de madera de todas las obras de Madryn y armaron una fogata que duró hasta las tres y media de la mañana.
Luego aparecieron el café calentito y unos cigarros de hoja.
El fuego ascendía y buscaba el cielo, Silvia sacaba fotos y Bruno me palmeaba preguntando ¿Se arrepiente Oyarzábal?
La noche y más allá del fuego, estaba fresca y debí acudir al buzo. El buzo que me regaló Virginia en el último asado porque tenía frío. El buzo que me puse la noche que murió Mamá...
¿Cómo a veces las cosas se ponen en rueda y la vida las cierra!
Gracias, Mabel. Si no hubiera existido ese respeto de ustedes, mi familia, tal vez no me hubiese sentido tan cerca de los que están lejos y de mis viejos. Gracias.
Te estoy escribiendo y estoy llorando y eso es bueno.
Un abrazo con cara de amanecer.



Tu hijo Miguel

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