sábado, 17 de enero de 2009

La palabra y el afecto - por Miguel Oyarzábal

La palabra y el afecto

De vez en cuando la vida,
toma conmigo café
y está tan bonita que
da gusto verla,
Se suelta el pelo
y me invita a salir
con ella a escena.
“DE vez en cuando la vida” Joan Manuel Serrat

04/01/09

Querida Luisa:
En tu última carta me decís:
Claro que esta bueno llorar, al dolor hay que dejarlo salir en forma de lágrimas para que no se te quede pegado en el cuerpo con forma de tumor. Y también te habilita para sentir lo bueno que te espera a cada vuelta de la vida. Si te aguantaras el llanto seguramente en forma natural te aguantarías el disfrute ¡Y eso estaría triste!
¡Rabia, dolor, amor, placer, todos juntitos para hacerte sentir vivo!
Muy lindo lo que les escribiste a tus padres postizos, contame algo de ellos, no sabía que los tuvieras y me despierta curiosidad. Por qué uno ha de tener padres postizos, ¿con los que uno tuvo no es suficiente...? A mi me tocaron muy jodidos, así que me asombra querer buscar otros.
Si, todo lo que me vino en tu carta es absolutamente cierto: llorar, soltar la tristeza, dejar que el cuerpo se exprese, que las lágrimas salgan a recorrer el mundo; es hacerle lugar a la vida que entra sin golpear la puerta para llevarnos al sol y permitir que la alegría, el disfrute, el placer y el goce nos muestren la otra cara de la moneda.
¿Y los viejos postizos? Los padres sustitutos.
“Los amigos de la infancia, son eso, los amigos de la infancia.
Pero los amigos de la edad adulta: son un regalo de Dios”
Se lo escuché decir a Carlos Pizzorno, un amigo que traigo de los 25 años.
Por ahí viene la cosa. Ellos son los padres de mi hermano Rodolfo Hernández -también postizo- y no llegaron a serlo hasta que los percibí planeándome el alma.
Vinieron a Madryn allá por los ‘90 y me fueron ganando de a poco.
Él Médico Anestesiólogo, apasionado por las fotos y la poesía. En las sobremesas de los domingos suele leerme poemas y hablar de los buenos vinos.
Lo importante en ella, no es su condición de Fonoaudióloga, sino la capacidad de continuar aprendiendo de la vida, que no le resultó un parque de diversiones.
Además y cuando uno está lejos de los viejos y los amigos de la infancia, ve a las cosas desde otro lugar y los seres humanos con sus afectos, adquieren una dimensión distinta.
A Vos te tocaron viejos jodidos. No te creas que para mí las cosas fueron tan diferentes.
Mi viejo, un laburante que a los 60 años metió 2000 horas extras en un año, se iba al amanecer y volvía con la noche. Poco tiempo nos pudo dedicar y con la dureza de quien debió trabajar cuando todavía era chico. Era bollero en el campo y para orinar debía arrodillarse en el anca del caballo, porque si se bajaba, no le daba la altura para montar nuevamente.
Sin embargo y aunque nunca lo supo, él me dio el primer empujón a la poesía.
Para mamá el camino tampoco le fue liso. A los 11 años pierde a su madre y tiene que dejar la escuela para hacerse cargo de la casa con su padre y los hermanos.
Sobre protectora la vieja de su hijo menor que le nació viendo muy poquito y entonces le cupo golpear puertas, manotear picaportes para que el nene viera algo más y pudiera estudiar.
Para darte una idea, la última vez que hablé por teléfono con ella, estaba cerca de partir, me dijo: Portate bien y cuidate mucho.
Si, te hablé más de los viejos que de los padres sustitutos: es que de ellos venimos y mal o bien nos moldearon para andar por la vida. Y en su momento nos ayudaron en el primer vuelo.
No te olvides. Somos el jamón del sándwich generacional. Si las cosas fueran como en los ‘50, estaríamos bailando tangos en el club de Pacheco y casados con la chica o el muchacho de la vuelta.
Pero la que se dio vuelta fue la vida, de Los beatles para acá, se nos cambió todo y ellos no pudieron adaptase a los cambios.
Juan Carlos escucha a Piazzola y Mabel maneja internet que es una luz.
Ellos me ven como el hombre, el poeta y no descartan mis agujeros y allí están, con la palabra y el afecto.



Miguel Oyarzábal